TOLEDO Y GUADALUPE (II)

Como complemento al informe presentado por esta Real Academia el pasado 5 de febrero, en el que mostrábamos nuestra preocupación sobre la posible separación del santuario de Guadalupe de la archidiócesis toledana, rompiendo así una vinculación histórica, cultural, devocional y religiosa que nació desde el momento mismo de la Reconquista de aquellas tierras, y que ha ido generando un rico patrimonio común, en sus más variadas expresiones, incluyendo el inmaterial, queremos ofrecer algunos datos más que avalan esa secular unión.

La vinculación de las tierras de los actuales arciprestazgos de Extremadura de la diócesis de Toledo con Toledo y Talavera surgió en la Edad Media, tras la conquista de dichos territorios a los musulmanes. Las tierras actualmente cacereñas formaron parte de la Tierra de Talavera, que, además de la comarca de La Jara incluían las del Valle del Ibor y el Campo Arañuelo; pertenecientes a la reina de Castilla, María de Portugal, esposa de Alfonso IX, ésta los cedió a los arzobispos de Toledo, que de este modo se convirtieron en señores temporales de la misma, a la vez que ejercían su jurisdicción espiritual sobre ella.

A poco de iniciarse el culto a la Virgen de Guadalupe, se erigió una pequeña iglesia. Ésta, a principios del siglo XIV, se encontraba en estado ruinoso, siendo mandada restaurar, a la vez que la otorgaba varios beneficios, por el rey Alfonso XI. El nuevo templo se incorporó, transformada en un edificio de estilo mudéjar toledano, al curato de Alía, en el arzobispado de Toledo. Tras la batalla del Salado, en 1340, y en cumplimiento del voto del rey, el santuario comenzó a crecer en importancia, siendo, entre otras cosas, emancipado, a nivel de jurisdicción civil, de Talavera, de quien dependía, pasando al priorato secular erigido por el rey, quien añadió, además, tierras del concejo de Trujillo. Ese mismo año de 1340, al tomar el rey Alfonso XI el patronazgo de la iglesia de Guadalupe y nombrar prior de la misma al cardenal Pedro Barroso, al escribir al arzobispo de Toledo para que confirmase el priorazgo a éste, señalaba que dicha iglesia de Guadalupe se hallaba en el arzobispado de Toledo. El rey se reservaba la presentación de los futuros priores, siendo la confirmación de los mismos función del arzobispo de Toledo. Poco después, el arzobispo Gil de Albornoz, en carta sellada en Santorcaz en 1348 indicaba el modo de proceder: cuando el priorazgo vacase, el rey debía presentar persona idónea al arzobispo de Toledo o si la sede estaba vacante, al cabildo toledano; bien uno u otro instituirían al prior. En la misma carta se mandaba al clérigo cura de Alía, “de nuestra diócesis”, diera posesión al presentado en esa ocasión por el rey, Toribio Fernández. A éste le sucedió el deán de Toledo, Diego Fernández, y a éste, Juan Serrano, futuro obispo de Sigüenza, quien llevó a la recién creada orden jerónima a Guadalupe. Al hacer entrega del priorazgo a la orden, el rey Juan I recordaba que estaba “sujeta a la iglesia mayor de Toledo”, a la vez que pedía al arzobispo y cabildo de Toledo que renunciaran a las rentas que tenían en la misma. Al realizarse la entrega del priorato a los jerónimos, encargada al arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio, éste recordaba, en carta fechada en Alcalá el 1 de septiembre de  1389,  que quedaban a salvo, para él y sus sucesores, los derechos que tenían en Guadalupe tam lege diocesane quam lege jurisdictionis, como tenían en otros monasterios que le estaban sujetos en la diócesis. Antes de erigir el monasterio, fue consultado el cabildo de la catedral toledana, el 14 de enero de 1389,  el cual lo aprobó “a honra y provecho de la dicha iglesia de Toledo”, si bien suplicaba al arzobispo que de la instalación de la orden no se siguiese “al arzobispo y cabildo de la dicha iglesia de Toledo perjuicio ninguno”.

La vinculación de los arzobispos toledanos con el santuario siguió siendo estrecha a lo largo de los siglos. Las peregrinaciones se vieron favorecidas por actuaciones como la construcción del puente sobre el Tajo por el arzobispo Tenorio en 1383.  Cuando tras la supresión de los jerónimos  y la desamortización de Mendizábal la iglesia de Guadalupe se transformó en parroquia secular de la archidiócesis toledana, fue gracias a la labor de los párrocos, con la inclusión dentro del ámbito de las dependencias parroquiales de algunos ámbitos monacales, que se pudo preservar parte del patrimonio guadalupense, mientras que el resto de los edificios con su patrimonio mueble era vendido y dispersado. De este modo se pudieron conservar in situ tanto la colección de zurbaranes de la sacristía como las pinturas de Luca Giordano que decoran el camarín, así como ornamentos, orfebrería y documentos. La vida del monasterio pudo resurgir cuando en tiempos del cardenal Sancha se instalaron los franciscanos, que iniciaron una benemérita labor de restauración del edificio y del patrimonio del santuario. Los arzobispos de Toledo prosiguieron la labor de promoción, constituyendo un hito la coronación canónica realizada por el cardenal Pedro Segura en 1928, con la presencia del rey Alfonso XIII y del nuncio Federico Tedeschini.

Durante el pontificado del cardenal Pla y Deniel, en 1955, el santuario fue elevado a la condición de basílica. Y ya en tiempos más recientes, el cardenal González Martín, además de enriquecer el patrimonio artístico del monasterio con el depósito de los tres grecos procedentes de la antigua parroquia de Talavera la Vieja, pertenecientes al arzobispado toledano, impulsó el mismo gracias a la visita apostólica del papa Juan Pablo II y las peregrinaciones diocesanas, especialmente de jóvenes, dentro de lo que podríamos denominar patrimonio religioso, inmaterial, que forma parte esencial de la realidad guadalupense.

En relación al resto de los actuales arciprestazgos, conviene resaltar, una vez más, que su estrecha vinculación con Toledo proviene del momento inmediato de la reconquista. Lo que hoy, con un término creado en el siglo XIX, se denomina Siberia extremeña, hasta ese momento era incluido en los Montes de Toledo y designado como tal. El territorio de los Montes de Toledo, tal y como recogió Pascual Madoz, perteneció al cabildo de la Catedral de Toledo, en parte por compras, en parte por donaciones reales y por la fundación de una memoria de Alfonso Téllez, que a su vez los había obtenido de Alfonso VIII. Permutados con el rey Fernando III durante el pontificado de Rodrigo Jiménez de Rada, en 1243, el monarca los vendió al concejo de Toledo, el año 1246, y dependiendo del mismo estuvo hasta comienzos del siglo XIX. La vinculación había surgido desde la inmediata reconquista del territorio a los almohades  en tiempos de Rodrigo Jiménez de Rada, cuando se conquistó el castillo de Capilla, del que en su De rebus Hispanie el arzobispo define como “perfectamente defendido en la diócesis de Toledo”; dicha toma tuvo lugar en 1226.

La inclusión de todas estas tierras, tanto cacereñas como pacenses, en la región de Extremadura, no se realizó sino en el siglo XIX. Hasta ese momento, tal y como muestran los diferentes mapas de la época, se consideraban parte de Castilla. Sólo su incorporación a las provincias civiles de Cáceres y Badajoz, tras la creación del sistema provincial por Javier de Burgos en 1833, hizo que se consideraran extremeñas. Conviene recordar que la organización en provincias atendía tan sólo a criterios de eficiencia administrativa, tomando como modelo el sistema departamental francés, y no atendía principalmente a las viejas demarcaciones históricas.

El modelo de identificación de las diócesis con las provincias es también relativamente reciente. Tuvo su origen en la Revolución francesa, cuando se pretendió, dentro de un proyecto galicano y regalista, homogenizar con la administración civil la eclesiástica, suprimiendo antiguas diócesis y archidiócesis, y haciéndolas coincidir con los departamentos. Este modelo trató de implantarse en España durante el reinado de José Bonaparte, reformando la organización diocesana a la vez que se transformaba la administración civil copiando la organización de Francia. La derrota napoleónica impidió su realización. Tras el concordato de 1851, algunas de las nuevas diócesis erigidas, como Madrid o Ciudad Real, se identificaron con las homónimas provincias civiles, pero en otros casos, como la erección de la diócesis de Vitoria, no se siguió esta pauta, sino que se desgajaron de la diócesis de Calahorra-La Calzada las tres provincias vascas, que permanecerían unidas hasta 1949, cuando se erigieron las diócesis de Bilbao y San Sebastián. A principios del siglo XX, en el marco de reforma concordataria, se propuso la supresión de algunas diócesis, y el traslado de las sedes a las capitales de provincia. Esto generó un fuerte movimiento de protesta en muchas pequeñas diócesis. El proyecto de reforma concordataria fracasó y no hubo nuevos intentos de cambio hasta después del concordato de 1953. Tras éste se produjo la mayor transformación de los límites diocesanos españoles de la historia, con la uniformización de muchas diócesis con su provincia. Sin embargo, no se llegó a la plena y total identificación, como ocurrió con la diócesis de Plasencia, que se extiende por tres provincias –Salamanca, Cáceres y Badajoz-, o Santiago – provincias de A Coruña y Pontevedra-, a la vez que se mantuvo la existencia de varias diócesis en la misma provincia, como Lérida, que incluye Seo de Urgel, Lérida, Solsona y Tarragona. Tras la separación Iglesia-Estado que trajo la llegada de la democracia, con una plena libertad por parte de la Iglesia para erigir o modificar los límites diocesanos, algunas antiguas provincias, como Madrid o Barcelona, fueron desmembradas en varias diócesis, para mejor atención pastoral. Por todo ello se deduce que la identificación diócesis-provincia no sólo ha sido excepcional a  lo largo de la reciente historia de España, sino que, además, está supeditada, en un estado aconfesional, a los intereses pastorales de la propia Iglesia.

Sirvan todos estos datos para avalar, desde el máximo respeto a quien compete tomar la decisión última, nuestro criterio estrictamente histórico y de defensa del patrimonio común, tanto material como inmaterial, sobre la inconveniencia de romper estos estrechos lazos seculares.

TOLEDO Y GUADALUPE (I)

En fechas muy recientes, se ha vuelto a reavivar la polémica, proveniente más del ámbito secular y político que del eclesial y apostólico, sobre la pertenencia de la parroquia de la Puebla de Guadalupe y del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, perteneciente actualmente y desde hace siglos a la jurisdicción eclesiástica de la archidiócesis de Toledo, y su paso ahora a una de las tres diócesis que constituyen la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, creada por el Papa san Juan Pablo II el 28 de julio de 1994. En esta polémica, poco racional, también entran en litigio las casi treinta parroquias que se ubican en la llamada Siberia Extremeña en la provincia de Badajoz y en la zona de los Ibores en la provincia de Cáceres que, desde tiempo inmemorial siguen perteneciendo pastoral y canónicamente a la archidiócesis de Toledo y a las cuales nunca les ha faltado la presencia y asistencia de los sacerdotes de la sede arzobispal toledana.

Sabiendo que la cuestión de la división geográfica de la Iglesia Católica le corresponde a la misma Iglesia y no al poder político que tiene división distinta, muy reciente en años y que puede cambiar en cualquier momento, lo que la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo quiere exponer son las razones de índole histórico y de patrimonio inmaterial por las que estas parroquias y localidades, localizadas en Extremadura, que siempre han pertenecido a la diócesis de Toledo, deberían seguir perteneciendo a ella.

Antes de nada, comenzar apuntando que la división política española por provincias es de 1833 y en bastantes casos no respetó la división eclesiástica existente, situando ciertas capitales de provincias en ciudades donde no había una sede episcopal y privando a varias sedes episcopales de provincias. La división autonómica es más reciente como desarrollo de la Constitución de 1978. De ello resulta que existen 52 provincias frente a 70 diócesis, y 17 comunidades autónomas frente a 14 provincias eclesiásticas (agrupación de varias diócesis en un territorio homogéneo llamado archidiócesis).

Actualmente, solo la provincia eclesiástica de Madrid coincide con los límites de su Comunidad Autónoma. Por tanto, si el caso es equiparar las diócesis con las provincias y las provincias eclesiásticas con las autonomías, hágase con todas, incluida la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, que tiene unos treinta pueblos en la comunidad autónoma de Castilla y León que pertenecen a la diócesis de Plasencia, que ni es capital de provincia y cuya demarcación territorial ocupa municipios en territorios de Salamanca, Cáceres y Badajoz.

Ateniéndonos a lo que ahora nos interesa: el legado histórico, hay que afirmar y dejar constancia de que la primera vez que aparece el establecimiento de una relación entre el Monasterio de Guadalupe y la archidiócesis de Toledo es en un documento, fechado el 6 de enero de 1341, en el que se vincula al Monasterio de Guadalupe con el Arzobispado de Toledo. Este hecho fue consecuencia de la victoria en la Batalla del Salado (30.10.1340), implorada por el rey Alfonso XI a la Virgen de Guadalupe, donde los ejércitos conjuntos de Castilla y Portugal derrotaron decisivamente a los benimerines, último reino magrebí que intentaba invadir la Península Ibérica. Desde este momento los arzobispos de Toledo han fomentado la devoción a esta advocación mariana. Prueba de ello son las diferentes obras realizadas en el Monasterio o en el camino que conducía hasta él como el Puente sobre el río Tajo que mandó construir el arzobispo de Toledo don Pedro Tenorio en 1383, dando lugar al nacimiento del pueblo conocido desde entonces como El Puente del Arzobispo. El cardenal y arzobispo de Toledo, fray Francisco Jiménez de Cisneros, así como la reina de Castilla, Doña Isabel la Católica, fueron también muy devotos de la Virgen de Guadalupe, a la que unieron las oraciones y súplicas por la evangelización de América. Cuando los PP. Jerónimos abandonan el Monasterio, debido a la desamortización acaecida en 1835, su Iglesia pasó a ser el templo de una parroquia más de la archidiócesis de Toledo. Son los arzobispos de Toledo quienes se han venido preocupando de que la devoción hacia esta advocación mariana de Santa María de Guadalupe se mantuviese viva produciendo un gran provecho espiritual.

En 1907 la Santa Sede aprueba la declaración de la Virgen de Guadalupe como patrona de Extremadura. Al año siguiente se entregó la administración del santuario y parroquia de Guadalupe a la Orden Franciscana, manteniendo su tradicional vinculación con la archidiócesis. Finalmente, en 1928 el cardenal y arzobispo de Toledo, don Pedro Segura, coronó solemnemente esta imagen mariana tan querida por todos y se le concedió el título de Regina Hispaniarum (Reina de las Españas), manteniéndose unida con la sede Primas Hispaniarum (Primada de las Españas).

No menos importante es el vínculo afectivo de esta población y sus alrededores con las llamadas “Tierras de Talavera” a las que pertenecieron hasta el siglo XIX todos los pueblos de Cáceres y Badajoz que integraron e integran actualmente los arciprestazgos de Guadalupe, Herrera del Duque y Puebla de Alcocer. Este vínculo entre todos estos pueblos con Talavera de la Reina y su comarca se ha mantenido gracias, en gran medida, a su vinculación con la sede arzobispal de Toledo. Hoy todavía los pueblos extremeños de la archidiócesis de Toledo se sienten afectivamente extremeños y, al mismo tiempo, gozosos y agradecidos por su pertenencia a la archidiócesis de Toledo que siempre fue su madre espiritual en la fe. Entre ellos se encuentra Puebla de Alcocer (Badajoz), lugar de nacimiento del que fue nuestro director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, el ya fallecido D. Ramón Gonzálvez Ruiz, canónigo archivero de la Catedral Primada, gran historiador de la iglesia toledana, que siempre sintió suya la sede primada, sin dejar de sentirse profundamente extremeño. A esto se añaden las numerosas peregrinaciones de esta zona, que han dado origen a distintos caminos, llamados de Guadalupe, como el camino real que une Talavera y Guadalupe y que recientemente está siendo promovido y recorrido devotamente por numerosas personas.

Sin entrar en otro tipo de razones, como serían la atención pastoral de estas poblaciones que está asegurada por la abundancia de clero existente en la archidiócesis primada, que entendemos de gran importancia para la Iglesia Católica, solicitamos que se tengan en cuenta las razones por las que el Monasterio de Guadalupe y estos pueblos extremeños deberían seguir con su vinculación y atención espiritual con la archidiócesis de Toledo.

 

 

Feliz Navidad

Nota de prensa de la Real Academia sobre la Vega Baja

La Real Academia reclama la unificación de los BIC de la Vega Baja, la supresión de las 1.300 viviendas y la redacción de un planeamiento específico

· El director de la institución, Jesús Carrobles, presentó un documento con doce puntos que resumen la postura de la Real Academia acerca del presente y el futuro del yacimiento

Toledo, 18 de noviembre de 2019.
Jesús Carrobles, director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, ha manifestado hoy la postura de la institución sobre el presente y futuro de la Vega Baja con la presentación de un documento programático formado por doce puntos. Le acompañó la arquitecta y académica numeraria Josefa Blanco Paz.

Los académicos reclaman la unificación de los cuatro espacios declarados Bien de Interés Cultural que forman parte del yacimiento y la «supresión» de la ordenación de 1.300 viviendas dentro de este espacio, que consideran «un paisaje único e irreemplazable amenazado», así como la redacción de un planeamiento específico.

El texto, redactado el pasado 1 de noviembre y sometido a la aprobación del P leno cuatro días después, fue enviado la semana pasada a las diferentes administraciones públicas, grupos políticos e instituciones académicas.

La Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo vuelve con este documento a expresar su defensa del patrimonio arqueológico y paisajístico de la Vega Baja, posición que lleva manteniendo desde hace más de veinte años y que es posible apreciar en actuaciones como sus enmiendas al Plan de Ordenación Municipal en 2005, sus informes y reuniones con instituciones como la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Icomos-España y la Real Fundación de Toledo.

Posición de la Real Academia sobre la Vega Baja

 

 

A comienzos del Curso 2019-2019 se comenzó a estudiar la respuesta que la Real Academia debía dar al problema de la Vega Baja, convocándose una sesión extraordinaria el 29 de octubre para tratar solamente de este tema. El 5 de noviembre se presentó la propuesta, que fue estudiada por el Pleno, y en la que se introdujeron algunas correcciones. Una vez ultimado el documento, el día 7 se envió al Ayuntamiento de Toledo, Grupos políticos del Ayuntamiento de Toledo, Consejería de Cultura, Dirección General de Bellas Artes, Real Academia de la Historia, Real Academia de San Fernando, ICOMOS e Hispania Nostra. Pasados unos días, se decidió convocar a los medios de difusión para darles a conocer nuestra postura.

 

 

Fallece el Correspondiente D. Vicente Carranza

La Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo lamenta profundamente el fallecimiento de don Vicente Carranza Escudero, Académico Correspondiente de esta Institución y auténtico referente en el estudio de la cerámica. Nuestro ánimo a su familia y amigos.

 

Homenaje a don Ramón Gonzálvez en Talarrubias

Ramón Gonzálvez, homenaje, Talarrubias

Ceremonia de ingreso del Numerario Miguel Ángel Dionisio Vivas

Ingreso Numerario, Real Academia de Toledo, Miguel Ángel Dionisio Vivas

Anuncio de vacante de Académico Numerario