En la muerte de Julio Porres

Hace unos minutos que me han llamado mis amigos y compañeros en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo José Carlos Gómez-Menor y José Luis Isabel, que es ahora el secretario, para comunicarme el fallecimiento, en su casa de Toledo, del académico y archiconocido historiador toledano don Julio Porres Martín-Cleto.

 

Su muerte me ha impactado mucho y, curiosamente, me ha pillado con un volumen suyo en la mano, porque estaba buscando datos de un antiguo convento que hubo en la zona del paseo del Carmen y por eso manejaba su voluminoso “La desamortización del siglo XIX en Toledo”. Andaba a vueltas con sus libros porque estoy preparando mi discurso de ingreso en la Academia y la búsqueda de datos históricos sólidos de Toledo pasa, necesariamente, por esa inmensa sabiduría que se traduce en sus libros.

En efecto, quizá una de las cosas que más llaman la atención a la hora de acercarse a sus obras es la cantidad de publicaciones que tiene y la profusa documentación que maneja. Yo no sé si habría en Toledo alguna persona que supiera más cosas de Toledo que él. Pienso que sería difícil. Sólo una persona muy enamorada de Toledo puede escribir una obra tan sólida alternando otras ocupaciones, como las que exigen la familia y el trabajo. Quizá su obra más conocida, y que, por cierto, se sigue y se seguirá vendiendo como un best seller (por eso ha vuelto a ser editada en Ediciones Bremen en cuatro volúmenes) es “Historia de las calles de Toledo”. En muchos salones de las casas toledanas reposan en las estanterías estos volúmenes que exhiben una erudición apabullante.

Don Julio Porres nació en Toledo el 8 de mayo de 1922. Hubiera cumplido este año los 89. La enfermedad le había dado ya algunos golpes. Cursó estudios de Magisterio y de Derecho. No era licenciado en Historia pero su pasión era la historia, y por eso es un ejemplo de cómo el esfuerzo personal autodidacta puede convertir a un estudioso en un maestro de la historia. Fue Maestro Nacional, abogado, miembro del Cuerpo superior de administradores civiles del Estado, tesorero en la delegación de hacienda de Toledo (donde se jubiló en mayo de 1987) e incluso llegó a ser concejal del Ayuntamiento de Toledo entre los años 1961 y 1967. Ingresó en la Real Academia el 10 de mayo de 1964 con un discurso de ingreso que versó sobre “La desamortización de Toledo”, que fue contestado por el canónigo historiador don Francisco Rivera Recio. Recibió la medalla nº VIII. En la Academia ocupó diversos cargos y, entre ellos, fue su director desde el 20 de diciembre de 1984 hasta el 9 de enero de 1995, en el que renunció a presentarse de nuevo. No sólo se dedicó a publicar textos sino que desde la Academia influyó decisivamente para, en definitiva, luchar por la defensa y promoción de la historia y del arte de Toledo y su provincia. La Academia le dedicó un homenaje, como hace con todos sus presidentes, y publicó un volumen titulado “Luz de las ciudades” con colaboraciones sobre él. Este libro vio la luz en el 2008. El Ayuntamiento de Toledo le dedicó una calle del casco histórico en la que vivió durante muchos años: la calle de la Ciudad, que es una de las calles que bordea el Ayuntamiento.

Yo, la verdad, es que no llegué a tratarle. Cuando me nombraron académico correspondiente en la Academia estaba allí y me dio corte acercarme, porque me imponía mucho respeto. Ahora ya no podré hacerlo. Y a su obra también he llegado tarde, porque la conocía pero de forma dispersa, picoteando un poco de aquí y de allá. Y ha sido ahora, al preparar mi discurso, cuando la he conocido más de lleno. Y estoy, lo confieso, impresionado porque sus libros son un enorme pozo de sabiduría.

Hoy Toledo pierde a un toledano ilustre que ha convertido a Toledo en la principal fuente de su pasión investigadora. Yo siempre digo que cuando alguien muere se empobrece el mundo, porque muere alguien único, alguien irrepetible, porque no hay dos personas iguales. En este caso, además, se trata de la pérdida de alguien que ha entregado gran parte de su tiempo a que los demás podamos disfrutar del conocimiento y de la belleza de la ciudad en la que vivimos. Nunca podremos agradecérselo lo suficiente. Lo lamentamos todos nosotros. Y también Toledo, donde buceó con valentía adentrándose en su pasado lejano y erosionado, también llora.

Santiago Sastre Ariza
Académico Electo de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo

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