TOLEDO Y GUADALUPE (I)

En fechas muy recientes, se ha vuelto a reavivar la polémica, proveniente más del ámbito secular y político que del eclesial y apostólico, sobre la pertenencia de la parroquia de la Puebla de Guadalupe y del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, perteneciente actualmente y desde hace siglos a la jurisdicción eclesiástica de la archidiócesis de Toledo, y su paso ahora a una de las tres diócesis que constituyen la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, creada por el Papa san Juan Pablo II el 28 de julio de 1994. En esta polémica, poco racional, también entran en litigio las casi treinta parroquias que se ubican en la llamada Siberia Extremeña en la provincia de Badajoz y en la zona de los Ibores en la provincia de Cáceres que, desde tiempo inmemorial siguen perteneciendo pastoral y canónicamente a la archidiócesis de Toledo y a las cuales nunca les ha faltado la presencia y asistencia de los sacerdotes de la sede arzobispal toledana.

Sabiendo que la cuestión de la división geográfica de la Iglesia Católica le corresponde a la misma Iglesia y no al poder político que tiene división distinta, muy reciente en años y que puede cambiar en cualquier momento, lo que la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo quiere exponer son las razones de índole histórico y de patrimonio inmaterial por las que estas parroquias y localidades, localizadas en Extremadura, que siempre han pertenecido a la diócesis de Toledo, deberían seguir perteneciendo a ella.

Antes de nada, comenzar apuntando que la división política española por provincias es de 1833 y en bastantes casos no respetó la división eclesiástica existente, situando ciertas capitales de provincias en ciudades donde no había una sede episcopal y privando a varias sedes episcopales de provincias. La división autonómica es más reciente como desarrollo de la Constitución de 1978. De ello resulta que existen 52 provincias frente a 70 diócesis, y 17 comunidades autónomas frente a 14 provincias eclesiásticas (agrupación de varias diócesis en un territorio homogéneo llamado archidiócesis).

Actualmente, solo la provincia eclesiástica de Madrid coincide con los límites de su Comunidad Autónoma. Por tanto, si el caso es equiparar las diócesis con las provincias y las provincias eclesiásticas con las autonomías, hágase con todas, incluida la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, que tiene unos treinta pueblos en la comunidad autónoma de Castilla y León que pertenecen a la diócesis de Plasencia, que ni es capital de provincia y cuya demarcación territorial ocupa municipios en territorios de Salamanca, Cáceres y Badajoz.

Ateniéndonos a lo que ahora nos interesa: el legado histórico, hay que afirmar y dejar constancia de que la primera vez que aparece el establecimiento de una relación entre el Monasterio de Guadalupe y la archidiócesis de Toledo es en un documento, fechado el 6 de enero de 1341, en el que se vincula al Monasterio de Guadalupe con el Arzobispado de Toledo. Este hecho fue consecuencia de la victoria en la Batalla del Salado (30.10.1340), implorada por el rey Alfonso XI a la Virgen de Guadalupe, donde los ejércitos conjuntos de Castilla y Portugal derrotaron decisivamente a los benimerines, último reino magrebí que intentaba invadir la Península Ibérica. Desde este momento los arzobispos de Toledo han fomentado la devoción a esta advocación mariana. Prueba de ello son las diferentes obras realizadas en el Monasterio o en el camino que conducía hasta él como el Puente sobre el río Tajo que mandó construir el arzobispo de Toledo don Pedro Tenorio en 1383, dando lugar al nacimiento del pueblo conocido desde entonces como El Puente del Arzobispo. El cardenal y arzobispo de Toledo, fray Francisco Jiménez de Cisneros, así como la reina de Castilla, Doña Isabel la Católica, fueron también muy devotos de la Virgen de Guadalupe, a la que unieron las oraciones y súplicas por la evangelización de América. Cuando los PP. Jerónimos abandonan el Monasterio, debido a la desamortización acaecida en 1835, su Iglesia pasó a ser el templo de una parroquia más de la archidiócesis de Toledo. Son los arzobispos de Toledo quienes se han venido preocupando de que la devoción hacia esta advocación mariana de Santa María de Guadalupe se mantuviese viva produciendo un gran provecho espiritual.

En 1907 la Santa Sede aprueba la declaración de la Virgen de Guadalupe como patrona de Extremadura. Al año siguiente se entregó la administración del santuario y parroquia de Guadalupe a la Orden Franciscana, manteniendo su tradicional vinculación con la archidiócesis. Finalmente, en 1928 el cardenal y arzobispo de Toledo, don Pedro Segura, coronó solemnemente esta imagen mariana tan querida por todos y se le concedió el título de Regina Hispaniarum (Reina de las Españas), manteniéndose unida con la sede Primas Hispaniarum (Primada de las Españas).

No menos importante es el vínculo afectivo de esta población y sus alrededores con las llamadas “Tierras de Talavera” a las que pertenecieron hasta el siglo XIX todos los pueblos de Cáceres y Badajoz que integraron e integran actualmente los arciprestazgos de Guadalupe, Herrera del Duque y Puebla de Alcocer. Este vínculo entre todos estos pueblos con Talavera de la Reina y su comarca se ha mantenido gracias, en gran medida, a su vinculación con la sede arzobispal de Toledo. Hoy todavía los pueblos extremeños de la archidiócesis de Toledo se sienten afectivamente extremeños y, al mismo tiempo, gozosos y agradecidos por su pertenencia a la archidiócesis de Toledo que siempre fue su madre espiritual en la fe. Entre ellos se encuentra Puebla de Alcocer (Badajoz), lugar de nacimiento del que fue nuestro director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, el ya fallecido D. Ramón Gonzálvez Ruiz, canónigo archivero de la Catedral Primada, gran historiador de la iglesia toledana, que siempre sintió suya la sede primada, sin dejar de sentirse profundamente extremeño. A esto se añaden las numerosas peregrinaciones de esta zona, que han dado origen a distintos caminos, llamados de Guadalupe, como el camino real que une Talavera y Guadalupe y que recientemente está siendo promovido y recorrido devotamente por numerosas personas.

Sin entrar en otro tipo de razones, como serían la atención pastoral de estas poblaciones que está asegurada por la abundancia de clero existente en la archidiócesis primada, que entendemos de gran importancia para la Iglesia Católica, solicitamos que se tengan en cuenta las razones por las que el Monasterio de Guadalupe y estos pueblos extremeños deberían seguir con su vinculación y atención espiritual con la archidiócesis de Toledo.

 

 

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